Reflexiones sobre la experiencia de estar vivo. Sin prisa.
Hay una fractura silenciosa que ocurre en algún punto. Un día te despiertas y te preguntas cómo llegaste hasta aquí.
La identidad que mostramos al mundo y la que guardamos en privado son casi siempre versiones distintas.
Optimizamos el tiempo como si fuera un recurso que se agota. Y mientras, la vida ocurre entre reunión y reunión.
Preferimos esperar a que adivinen antes que nombrar lo que necesitamos. Esta historia tiene raíces profundas.
No hablamos del silencio porque nos incomoda. Pero en él vive algo que no encontramos en ningún otro lugar.
Ignoramos las señales físicas hasta que ya no podemos. El cuerpo lleva tiempo hablando.